miércoles, 21 de noviembre de 2018

Si quisiera transmitirte una sola idea, un pensamiento o cualquier otra entidad, lo haría desde el corazón.
Si quisiera mentirte, lo haría desde el corazón si supiera mentir.
Si quisiera hacerte daño, lo haría desde el corazón, inconscientemente.
Si quisiera olvidarte, lo haría desde el corazón, aunque él nunca olvide.
Si quisiera perdonarte, lo haría desde el corazón.
Si quisiera abrazarte, lo haría desde el corazón.
Si quisiera abandonarte, lo haría, pero nunca desde el corazón.

Ni siquiera podría decirte, que si quisiera quererte, lo haría desde el corazón.
Porque el corazón solo sabe amar, no sabe querer.
Sabe de perdonar.
Sabe de verdad.

Aunque lluevan dardos de plomo.
Aunque duelan tus puñales.
Aunque muera poco a poco.
Aunque llore sonriendo.

Aprendí a entregarlo todo cuando desperté del sueño.
Cuando aprendí a amar.
Cuando aprendí a comprender.
Cuando realmente amé.

Aprendí a tener palabra.
Me lo enseñó mi Padre.
Aprendí a abrir el corazón.
Nadie me lo quitará.
Jamás 
Siempre seguiré fuerte.
Amando el devenir.
Agradeciéndole a la vida.
Por vivir.
Y aunque duela.
Siempre fui sincero.
Nadie podrá quitarme, nunca,
lo que yo hice por ti.

Que Jah te bendiga


jueves, 27 de septiembre de 2018

La vida se muere sin la vida

Siempre he identificado la vida con la linealidad del camino largo. La eternidad de los pasos se hace muchas veces cuesta arriba. Recuerdo patinar, escribir, cantar, rapear, leer y profundizar en las cosas que tenía alrededor para inspirarme; al final todas han terminado por formar parte de mí mismo. Eso es lo bonito del arte.

Pero hay algo muy distinto que ha ocurrido en los últimos años. Se dice que cuando te enamoras, cambias totalmente. Que ya no eres el mismo. Que pasas a mirar la vida con otros ojos. No es que la vida cambie en sí misma. Más bien ocurre otra cosa muy distinta. La vida se aproxima a tí para ofrecerte la oportunidad de conocerte a través de ella. No es sencillo dejarse llevar. Ya sabía que encontraría muchas resistencias en su interior para abrirme y dejarse conocer. Pero a pesar de las dificultades que sabía que iban a aparecer en el camino, finalmente se dejó caer.

Estoy hablando de la inocencia, de la vida más ingenua, de todo aquello que hemos perdido en el camino y que tanto nos duele recordar. Mirarnos al espejo y vernos viejos... tú sabes más que nadie lo que se siente. Echar la vista atrás y verse perdido, sin camino, en la más absoluta falta de sentido. Y de golpe llegaste tú. Para arrancarme de lo más profundo de mi ser el miedo a ser rechazado. Para matar de una vez por todas el miedo a la locura. Para entregarme la inocencia más pura de la tierra. Para dejarme ser yo mismo de verdad, eliminando los yoes que están detrás de las paredes de mi casa. Y todo esto ha sido gracias a tí. Muchas veces no sé cómo agradecerte desde lo más profundo de mi alma todo lo que me has enseñado. Cuando yo me caía en la incertidumbre de mis más profundos viajes, donde la oscuridad no teme ni tiene piedad en acabar contigo, allí tú me salvaste, con tu inocencia, muda, sabia, horrorizada por el mundo cruel en el que vivimos. ¿Me creerías si te digo que no sé cómo agradecerte todo lo que haces por mí? ¿Me creerías si te digo que estoy casado contigo de por vida? ¿Me creerías si te digo que de tanto quererte he vuelto a descubrirme?

Ojalá algún día mis ojos puedan transmitirte lo que mi corazón siente por tí. Me es imposible dudar del amor. Dudo del miedo a sufrir. Porque toda mi vida ha sido un cruzar el umbral de la pobreza del alma. ¿Cuál ha sido el Dios que te ha puesto en mi camino? ¿Cuál es el Dios que te quiere quitar de mi camino? No tengo la respuesta. Pero sí que sé una cosa. Ha sido gracias a tí que he vuelto al camino del amor y de la esperanza. Tú me has devuelto la verdadera fe. Ahora sé lo que significa caminar hacia la verdad. Tú lo has hecho posible. 

No soy capaz de encontrar la palabra. Tú lo eres todo para mí. No porque sin ti no pueda vivir. Mis pulmones respirarían y mi corazón latiría. Pero no sería yo. Sé que tarde o temprano moriría. Porque la vida se muere sin la vida.




martes, 3 de julio de 2018

El primer silencio

La sensación de seguir en la lucha es profunda y penetrante. Lo perfora todo para crear una superficie fuerte, sólida, capaz de ejercer la función de soportar todo lo que vivo y todo lo que soy. No hay otra forma de vivir que vivir combatiendo si quiero vivir en paz. Pero no porque la paz se encuentre necesariamente en la guerra, sino más bien porque nacemos en el hastío de vivir y nos dirigimos a algún sitio. Tengo un alma preparada para la guerra que vive en constante guerra consigo misma por el mero hecho de hallarse preparada para el combate. Estoy seguro que muy pocos pueden entender esto. Pero aquellos que son capaces de entenderlo serán bendecidos por la vida. 

Tras el primer disparo que da inicio a la batalla se manifiesta el primer silencio. Si hubiera una mirada capaz de reflejar lo que se siente la dibujaría con los ojos cerrados, de párpados caídos y temblores infinitos de pestañas invisibles a distancias largas. Demasiado aguda es la sensación que me produce verme desde tan de cerca, como si tuviera los Ojos de Dios y pudiera ver todo lo que ocurre en mi, aunque incapaz de trascender esa visión por mi naturaleza humana. Cuanto más observo más me abruma el observar. ¡Válgame por esta sensación! ¡Ponle fin a los principios! Que de alguna forma debemos resistir, sin morir ante la ausencia del primer silencio que muy pronto escuchamos y no logramos olvidar. ¡Tirad semillas! ¡Que crezcan más árboles! ¡Más fuerza y menos humo porque aún estamos vivos! ¡Más y más semillas! ¡En todos los caminos! No os dejéis ninguno...

domingo, 10 de junio de 2018

Para quienes...

No hay evidencia completa del paso del tiempo. Tampoco una evidencia de mínimos. En el conocimiento no se da nada con seguridad. La certeza es sólo una pretensión de tornar eterno lo humano. Hacia lo divino. Allí donde el pensamiento se halla frente a sí mismo para revelar sus secretos. 

La existencia del yo es una mera aparición. Horizonte y aprehensión. Vista de halcón. 


Desde arriba no hay nada lo suficientemente grande como para distinguirse. 

La fuerza de la identidad siempre prevalecerá.

Por el Uno





sábado, 2 de junio de 2018

Hace tiempo escribí una letra que se llamaba "tú". De todas las frases que componen la canción se me quedó grabada la siguiente: el mundo está podrido pero nosotros lo amamos. Por aquellos momentos estaba viviendo una época de inicio de cambio que todavía perdura a día de hoy, de lucha interna y logros profundos. Sobre todo porque me encontraba en un momento de mi vida en el que intenté llenar de sentido algunos fenómenos de absoluta complejidad como pueden ser la aceleración del tiempo en las sociedades, la vida cotidiana, el amor perdido, y entre otros, la amistad. 

Nunca he sido una persona de muchos amigos. Los amigos han sido siempre fugaces. Grandes amistades se perdieron con el paso de los años por lo grandes que llegaron a ser y por el miedo que se despertó con ellas a perderlas. Tras el cristal siempre estuve observando el acontecer del mundo, nadie podrá decirme que no he sido yo mismo cuando ser yo mismo ha sido el mayor privilegio que he ostentado todos estos años. Privilegio por la inmunidad ante la inmundicia. La honestidad siempre estuvo por encima.

Por aquellos momentos volver al origen era un mandato. Una forma de vivir la vida. Un re-pensar las condiciones materiales de supervivencia a partir del establecimiento de unas modalidades de comprensión lejos de la ordinariedad de los procesos vitales cotidianos. Ante la superficialidad de los fenómenos, o tal vez sea mejor decir ante la profundidad ahogada de los fenómenos, pues nadie sabe lo que permanece vivo al final del negro sombrío del pozo, siempre me mantuve crítico. Porque una vida radical exige krinei, crisis, es decir, ruptura, o al menos, perforar. Cuando escribí "tú" pretendí tornarme ante lo evidente a través de ti, que me lees; dueño de una vida perseguida, noble de virtudes antiguas, Rey de faraones, ¿dónde estás? ¿te has ido realmente? 

La mera imaginación nunca podrá manifestare por y en la evidencia. Por eso mismo el 'irse realmente' en cuanto devenir ficticio no puede sustraer la realidad a la lejanía de los órdenes de cosas. Y es en el horizonte de esa lejanía en el que nos encontramos los seres humanos cuando investigamos acerca de la veracidad de lo que vemos, y en cuanto vemos, pues viendo nos situamos con proximidad ante lo que se nos es mostrado. Estás ante mi razón, Rey de Reyes, sin estar "siendo mostrado", lejos del criterio de la cultura en la que resido aunque próximo al sentir en el que habito porque ni la mera ficción me separa de ti, desde el momento en que la lejanía nunca pudo separarnos, tornándose imposible ante la salida del Sol.

Gott ist tot

lunes, 28 de mayo de 2018

Todavía soy Soldado

En diferentes ocasiones he podido sentir la misma sensación que siento ahora. Aunque ahora no la siento de la misma manera. De hecho, me noto distinto ante el fenómeno, como si hubiera cambiado y todo dependiera de las experiencias que se sedimentan en el tiempo. Es el momento de empezar un viraje, un verdadero retorno. Lo llevo preparando algunos años. Estoy conciliando mi pasado con mi fuerza, haciéndoles sentir del mismo modo, como si los dos fueran uno. Lo que queda ahora mismo sólo es fuerza. Ímpetu y coraje. Es una lucha ganada.

Echo la mirada atrás. Aún sigo con la misma sensación de vida. El mismo impulso vital. Las mismas ganas de luchar ante el Leviatán, de precipitarme al vacío, difuminarme en él, y salir ileso, casi sin darme cuenta. Como si todo pasara en el mismo segundo, cuando elijo dejarme caer. Una renovación instantánea. 

Porque siempre fui un hijo de la vida, un verdadero creyente, un ser destinado a conocerse, a buscar los inmediatos surcos del sí mismo, refugiado en la música, con el arte, ante la muerte, inminente, que poco a poco hondea sus pasos, como si quisiera expandirse ante una vida inerte, negra como la oscuridad, aún tan blanca y brillante como el primer día que la vi. Porque siempre fui algo que quiso vivir, que nunca supo nada cierto salvo aquello que nace del mero intento de captar por cierto algo que se vive, y una vez habiendo nacido y sabido ya de la suerte del nacer, renace entre los fueros.

Porque todavía soy Soldado, hombre de mil tierras y padre de ninguna.