lunes, 28 de mayo de 2018

Todavía soy Soldado

En diferentes ocasiones he podido sentir la misma sensación que siento ahora. Aunque ahora no la siento de la misma manera. De hecho, me noto distinto ante el fenómeno, como si hubiera cambiado y todo dependiera de las experiencias que se sedimentan en el tiempo. Es el momento de empezar un viraje, un verdadero retorno. Lo llevo preparando algunos años. Estoy conciliando mi pasado con mi fuerza, haciéndoles sentir del mismo modo, como si los dos fueran uno. Lo que queda ahora mismo sólo es fuerza. Ímpetu y coraje. Es una lucha ganada.

Echo la mirada atrás. Aún sigo con la misma sensación de vida. El mismo impulso vital. Las mismas ganas de luchar ante el Leviatán, de precipitarme al vacío, difuminarme en él, y salir ileso, casi sin darme cuenta. Como si todo pasara en el mismo segundo, cuando elijo dejarme caer. Una renovación instantánea. 

Porque siempre fui un hijo de la vida, un verdadero creyente, un ser destinado a conocerse, a buscar los inmediatos surcos del sí mismo, refugiado en la música, con el arte, ante la muerte, inminente, que poco a poco hondea sus pasos, como si quisiera expandirse ante una vida inerte, negra como la oscuridad, aún tan blanca y brillante como el primer día que la vi. Porque siempre fui algo que quiso vivir, que nunca supo nada cierto salvo aquello que nace del mero intento de captar por cierto algo que se vive, y una vez habiendo nacido y sabido ya de la suerte del nacer, renace entre los fueros.

Porque todavía soy Soldado, hombre de mil tierras y padre de ninguna. 

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