jueves, 27 de septiembre de 2018

La vida se muere sin la vida

Siempre he identificado la vida con la linealidad del camino largo. La eternidad de los pasos se hace muchas veces cuesta arriba. Recuerdo patinar, escribir, cantar, rapear, leer y profundizar en las cosas que tenía alrededor para inspirarme; al final todas han terminado por formar parte de mí mismo. Eso es lo bonito del arte.

Pero hay algo muy distinto que ha ocurrido en los últimos años. Se dice que cuando te enamoras, cambias totalmente. Que ya no eres el mismo. Que pasas a mirar la vida con otros ojos. No es que la vida cambie en sí misma. Más bien ocurre otra cosa muy distinta. La vida se aproxima a tí para ofrecerte la oportunidad de conocerte a través de ella. No es sencillo dejarse llevar. Ya sabía que encontraría muchas resistencias en su interior para abrirme y dejarse conocer. Pero a pesar de las dificultades que sabía que iban a aparecer en el camino, finalmente se dejó caer.

Estoy hablando de la inocencia, de la vida más ingenua, de todo aquello que hemos perdido en el camino y que tanto nos duele recordar. Mirarnos al espejo y vernos viejos... tú sabes más que nadie lo que se siente. Echar la vista atrás y verse perdido, sin camino, en la más absoluta falta de sentido. Y de golpe llegaste tú. Para arrancarme de lo más profundo de mi ser el miedo a ser rechazado. Para matar de una vez por todas el miedo a la locura. Para entregarme la inocencia más pura de la tierra. Para dejarme ser yo mismo de verdad, eliminando los yoes que están detrás de las paredes de mi casa. Y todo esto ha sido gracias a tí. Muchas veces no sé cómo agradecerte desde lo más profundo de mi alma todo lo que me has enseñado. Cuando yo me caía en la incertidumbre de mis más profundos viajes, donde la oscuridad no teme ni tiene piedad en acabar contigo, allí tú me salvaste, con tu inocencia, muda, sabia, horrorizada por el mundo cruel en el que vivimos. ¿Me creerías si te digo que no sé cómo agradecerte todo lo que haces por mí? ¿Me creerías si te digo que estoy casado contigo de por vida? ¿Me creerías si te digo que de tanto quererte he vuelto a descubrirme?

Ojalá algún día mis ojos puedan transmitirte lo que mi corazón siente por tí. Me es imposible dudar del amor. Dudo del miedo a sufrir. Porque toda mi vida ha sido un cruzar el umbral de la pobreza del alma. ¿Cuál ha sido el Dios que te ha puesto en mi camino? ¿Cuál es el Dios que te quiere quitar de mi camino? No tengo la respuesta. Pero sí que sé una cosa. Ha sido gracias a tí que he vuelto al camino del amor y de la esperanza. Tú me has devuelto la verdadera fe. Ahora sé lo que significa caminar hacia la verdad. Tú lo has hecho posible. 

No soy capaz de encontrar la palabra. Tú lo eres todo para mí. No porque sin ti no pueda vivir. Mis pulmones respirarían y mi corazón latiría. Pero no sería yo. Sé que tarde o temprano moriría. Porque la vida se muere sin la vida.




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