domingo, 26 de mayo de 2019

Allí donde hay una luz siempre habrá una gran sombra.

Cuando acaece el silencio todo cambia. Tanto en la más profunda soledad como en la proximidad más astuta de la compañía. A cada momento una nueva sensación. Y el destino sin embargo se mantiene intocable. ¿Qué ocurre con las vidas que cayeron al vacío? ¿Salieron de él? ¿O siguen ahí abajo? A veces mantengo conversaciones con sus almas imaginando sus iris, respirando el mismo aire. En esos momentos comprendo el sentido verdadero de mis meditaciones. Hablar de Dios ya no sirve. Dios no puede ser comprendido. Todo ocurre después de meditar. Allí donde las almas desean, piden, sueñan. Qué curioso que tengamos la misma función en el mismo espacio, en la eterna distancia de los cuerpos. Es a través de la sensación del recibir que comprendo la naturaleza humana y sus imperfecciones. No necesito más que mirarte a los ojos. Allí está escrita tu historia. Cierto que a veces entré en tu mundo demasiado pronto sin quererlo. Y aunque todos los fantasmas, al morir, inevitablemente se conviertan en sombras guiando tu cuerpo allí donde te encuentres, vivirán eternamente gracias a la luz que les permite oscurecer. Detrás de una gran sombra siempre hay una gran luz. Nuestro corazón no está preparado para batallar antes de tiempo. Pero hoy es el día de la guerra. Y nadie podrá parar la fuerza de la voluntad de poder. Así que acabaría el texto diciéndote que luches. Pero te diré que abandones, que renuncies. ¿Acaso no somos aquello que dijimos que nunca seríamos? ¿Recuerdas cuando perdimos la fe? Atravesando el corazón con el puñal de la verdad. A partir de ese momento todo cambió, la muerte acabó formando parte de nosotros. No sabes cuántas veces me miré al espejo para comprender mi carne. Estaba convencido que mirándome llegaría a conocerme. Pero no fue así. Tuvo que darse en la soledad más absoluta del corazón de Alemania, despojado de mi anterior vida, con los ojos cerrados bajo el árbol. Ante el miedo de perderlo todo e incluso la necesidad de tener una vida propia. ¿Me crees si te digo que escuché llorar a los ángeles? Todos alrededor mío abrazándome. Había llegado al final. Así fue como se produjo. 

Y hoy te lo escribo. Para que tu corazón llore conmigo. Porque yo nací para ser. Algunos me denominaron de alguna manera. Otros emprendieron caminos diferentes. Pero todavía seguimos pisando el mismo suelo. Descansando en los mismos prados. Y estoy aquí para tu reposo. Pero nunca olvides. Allí donde hay una luz siempre habrá una gran sombra.

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