domingo, 9 de diciembre de 2012

Mi dulce juez, mi erudito diario

No sabría cómo dispersar una idea con el fin de lograr vuestra humildad y vuestro respeto, no es mi oficio. Sin embargo, fuere lo que fuere aquél menester del que vos tuvo el placer de degustar dentro de mi reino, bien es cierto que fui sujeto de uno de los más grandes elogios del poblado. Así pues, con el honor del soldado y la sangre del guerrero, prometo teñir las montañas del color del cielo para combatir con el diablo y vencerle de una vez, las agujas del reloj se apresuran al momento y la luz ilumina sus andares.

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