domingo, 8 de abril de 2012

Tu vuelta a casa

De sopetón te viste en la playa, en un ambiente distinto y rodeado de mucha gente. Nada de semáforos, nada de chaflanes. El suave tacto de la arena junto con el agradable sonido de las olas ofrecía un enfoque nítido y palpable del presente, una nueva imagen del mundo. Has sabido apreciarlo, palparlo y disfrutarlo en la medida que has podido hacerlo, y quizás has aprendido, de manera intuitiva y espontánea, a proyectar sobre ti mismo un nuevo camino, tutelado al vasto poder de la curiosidad.

Hiciste uso del poder de la imaginación para crear un lenguaje propio que fuese capaz de mezcrar, cruzcampando del Jer y convirtiendo momentos ricanónicos que eran puros cosmólimos en situaciones saliváticas y trápigas. Así pudiste ir creciendo, empalmerizánote sin necesidad de encuevarse ni embordillar a nadie, ensofisticando cada momento brinsímico que aparecía durante el día, trasformando estados ostrípetos en momentos planúrios. Te diste cuenta que no hay necesidad de encuevarse, que perfectamente uno puede disfrutar de un entorno diferente si es capaz de epicurarse en vez de enfarolarizarse. Después de tomar conciencia y de tater, cuestioraste para pastelmatizar la situación y así conseguiste dejar tu huella entre tantos pastelmaters y mezcrasters, que sin comerlo ni beberlo, ambos sabemos que acabarán todos en mierdópulo, como corrólogos. Nada de prasticismo estúpido, mas bien te sentías oblóvuo porque la playa se convirtió en tu hogar enfiático, en tu propio gor, en tu propio mezcrón. Con muchas ganas de seguir disfrutando de los días y de las noches, pediste a Manchasando, a raiz de enjacobatizar una y otra vez, que en los momentos esquicimáticos no te sintieses oblóbuo, pues de tanto krankar, el tarra se agota y necesita renovarse. Con energía, jiometizaste y sentiste el pra de la playa y amstelmatizaste para vaciarte, porque después de las vivencias te habías quedado decatado.

Con tanto revuelo, la vuelta a casa la recibiste con ganas y con la idea de poder recordar estos días como herramientas que te sirviesen de puente para llegar a ser jardiólogo, observando la idea del azar.

"La pureza empieza cuando la maldad tropieza."

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