sábado, 5 de noviembre de 2011

No hay modo alguno

Se dice a propósito de Chuang Tzu que cuando entró por primera vez en la choza en la que estaba viviendo Lao Tsé, su futuro maestro, éste le miró y le dijo: "Recuerda una cosa, no me preguntes nunca cómo llegar a ser un iluminado." Y el pobre hombre había ido precisamente con ese propósito. Pero Lao Tsé lo puso muy claro: "Sólo con esta condición te aceptaré como discípulo."

Hubo un momento de silencio. Chuang Tzu pensó: "Es extraño. He venido aquí para convertirme en un iluminado; ésta ha sido la causa principal de querer ser un discípulo, y este anciano me está pidiendo una cosa absurda: que si quiero ser su discípulo, le tengo que prometer que nunca le preguntaré cómo llegar a ser un iluminado."

Pero ya era demasiado tarde; se había enamorado del anciano. Le tocó los pies y le dijo: "Te prometo que nunca te preguntaré cómo se llega a ser un iluminado; acéptame como discípulo." El anciano le dio súbitamente unn fuerte sopapo: "¡Idiota! Si no has venido para convertirte en un iluminado, ¿para qué quieres entonces ser mi discípulo? Te pedí esta promesa porque vi en ti una inteligencia tan hermosa que te haría dar cuenta enseguida del sentido de mi petición. Tú estás ya iluminado; no hay modo alguno de que te conviertas en un iluminado. No hay necesidad de ello. De hecho, no hay odo alguno de convertirte en iluminado, aunque quieras serlo."


Del libro "TAO, su historia y enseñanzas" de Osho.

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