jueves, 14 de julio de 2011

La poesía, hoy

La poesía es la única piedra valiosa que he encontrado en este largo camino, simplemente es dulce. Es capaz de transformar mi vida en letras y gracias a ella puedo conocerme más a mí mismo, ya que me brinda la oportunidad de retratar el exterior de una forma mucho más detallada y mucho más personal. La poesía no quiere hallar un criterio común para todos, cada poeta tiene su arte, como cada hijo su madre. Aunque no sea un arte en peligro de extinción, la clave se encuentra en disfrutar de ella comprendiendo esta diferencia.

La muerte de la poesía significaría la muerte del sentimiento. No es negativo que las cosas cambien, y en consecuencia no es negativo que se perdiese la afinidad por escribir, pero un poeta no necesariamente ha de ser escritor, del mismo modo que un escritor no ha de ser necesariamente un poeta. Por lo tanto, la poesía como forma de expresión ligüística y emocional no muere si el mundo deja de interesarse por ella, ya que uno puede dejar de escribir, pero no puede dejar de sentir. Seguirá viva si mantenemos nuestra conexión con el exterior y de esa conexión salga una forma de expresión que nos mantenga cerca de nuestro alrededor y consecuentemente surjan emociones a la hora de usarla, de una forma sentimental y atemporal, de una forma poética.

Cerca de nosotros se encuentra nuestra esencia, pero lejos también hay rastro de ella. De la misma forma que nosotros influenciamos a las personas que nos rodean a la hora de relacionamos, el mundo nos influencia, y de esta bidireccionalidad surje una voluntad limpia, natural, que es la que nos impulsa a escribir y a tomar en consideración connotaciones que quizás antes no habíamos visto, o simplemente habían estado muertas en medio de la oscuridad, que vivas renacen cuando el poeta con su mano hace temblar la tierra.


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