miércoles, 8 de abril de 2020

Mortal

“Se han acabado las historias. Al fin de la existencia le acompaña la sombra del misterio. Nos despedimos hace casi un año, ¿recuerdas? Nunca aprendemos a despedirnos. Algunos han concebido esta posición en negativo mientras otros la ignoran. Déjame dar comienzo a mi expresión y mostrarte cómo nos hemos vuelto a reconocer.”

Cuenta la leyenda que con el tiempo nos volvimos ciegos. Creemos ver lo que tenemos alrededor con plena nitidez. Nos sentimos seguros y nos orientamos a la vida que nos rodea a través de los ojos de nuestra infinitud. Mira esos pájaros como sobrevuelan las ciudades. No les importa la diferencia de alturas ni cuán lejos se encuentran de nosotros. A tantísimos kilómetros de la que siempre ha sido mi casa me he vuelto a reencontrar. Cada vez más lejos de los seres humanos y tal vez por eso cada vez más cerca de mí mismo. De fondo una recitación del Qu’ran y en el suelo la alfombra. Es la hora de recibir los rayos naranjas que atraviesan las cortinas de mi habitación. ¿Seré capaz de soportar todo esto durante más tiempo? Va pasando el tiempo y yo todavía haciéndome estas preguntas. ¿Me leerá alguien? ¿A quién le escribo cuando me dirijo a mí mismo? Uno sabe que la precisión de las ideas es lo suficientemente frágil como para devenir el blanco mortal.

Aún sabiendo que la esperanza es un veneno mortal. Aún sintiendo de cerca al ángel que me salva por las mañanas cuando me despierto. Al parecer no importa el tiempo que pase encerrado en esta cárcel. Mi condena seguirá siempre siendo la misma. Andaré por este camino hasta hacerlo eterno. Y no te confundas. No tengo miedo de morirme andando. Hace mucho tiempo que dejaron de interesarme las emboscadas. Pasé años haciendo del hogar mi bosque. Ahora es el momento de observar este cambio que estoy viviendo. He dejado atrás mi casa, mis padres, mis sueños, mis compañeros de viaje, mi compañera de vida, mi tierra y mis misterios. Ya ha pasado suficiente tiempo sin volver. Ahora soy suficientemente consciente de aquello que se muestra solo de manera lateral en nuestras experiencias. A ese retorno que parece nunca volver. A él me dirijo:

Podré estar meses, años y vidas sin ti. Pasarán vidas, nacimientos y despedidas. Y en cada una de sus paradas siempre estarás presente. Como quien abandona este mundo sin abandonarse a sí mismo. Hacia todas nuestras promesas. También las que nunca nos hicimos. Cada vez que me recuerdes, piensa en lo mucho que te quiero. Hace mucho tiempo que dejaste de ser una sombra para  mí. Te llamo así porque así lo muestran mis ojos. Siempre ha habido dolor en tu mirar. Como siempre habrá paz entre nosotros; en esa eterna distancia, de la que se adueñan las Estrellas. Por favor, nunca te olvides de quién eres. Porque gracias a ti ahora soy quién soy. Aunque nadie, salvo tú, puede ni podrá, nunca más reconocerme. Acuérdate: ¿Si Dios es el ángel, quién es el ángel de Dios?

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