domingo, 14 de julio de 2019

Por si alguna vez decides venir

¿Cómo medir la distancia que me separa del mundo? Una respuesta aproximada tendría que oscilar alrededor de la esencia del mundo. Y caminar por la oscuridad siempre es asumir riesgos. Tal vez mañana no volvamos a ver el Sol. Asumir esta situación no significa sumergirse en un extremo de la existencia. Más bien supone comprobar en primera persona que todo acto tiene consecuencias. Al vivir en los márgenes de la sociedad uno se encuentra necesariamente sumergido en la soledad del alma. Allí donde uno se encuentra consigo mismo y sólo consigo mismo. Para mí es un lugar de extremo reposo. A mí no me satisfacen los placeres comunes. Quieren disfrutar de mi cuerpo y que yo disfrute de sus curvas. Pero ya tengo almas a las que adoro dentro de cuerpos brillantes. ¿De qué me sirven sus ofrendas? Ya no necesito conexiones vacuas. A la autenticidad se responde con autenticidad. Al miedo no se le responde. Prefiero dejarlo en silencio ante la fúnebre mirada del espejo, envuelto en llamas invisibles. Así que no te esfuerces en demoler mis prados verdes. Cada uno de los árboles tiene su propia historia. Observa y siente sus troncos para comprender cómo llegaron a ser como son. Así comprenderás algo sobre sus raíces. Aquello a lo que llamamos naturaleza es la mayor fidelidad a la que podemos aspirar. Una de las infinitas esencias de aquello a lo que llamamos tiempo. Por si alguna vez decides venir. Acuérdate que no hay dos direcciones. Cuanto más duro se hace vivir más grata debe ser la recompensa. Esa es la única garantía de mi despertar y la única dirección posible. Coger todo lo que tenemos y arrojarlo a la vida, destruir los instintos antivida, contemplar la destrucción de las falsas paredes maestras en momentos de auténtico aumento de poder natural. Qué caída tan vertiginosa, ¿eh? 

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