Cuando te ves ardiendo entre llamas y el grito del llanto convoca a las alturas. Allí solo acuden los invitados. Entre ellos, ahí estaba, I.N.: Identidad Naciente.
lunes, 20 de septiembre de 2021
Textos olvidados - 14.07.2011
Textos olvidados - 13.07.2011
Textos olvidados - 30.05.2011
domingo, 19 de septiembre de 2021
Para ti
Sé que vas a leer este texto. Por eso te lo escribo, es el único medio de comunicación del que ahora mismo disponemos.
Quiero que sepas que hay una razón principal que organiza y mueve la distancia. No la vas a encontrar mirando a tus circunstancias, ni tampoco especulando sobre las mías. Puede que te acerques a ella si investigas acerca de la imposibilidad de hacerte llegar mis mundos. Al no poder trasladarte ninguna de mis reflexiones internas, no te llega el modo a través del cual expreso tanto mi cariño como el dolor que me acompaña, ambos frutos de los desencuentros.
Con la contestación "No hay nada que decir para quien no quiere escuchar" se deja entrever cuál es el movimiento inicial de tu reacción: el juicio confrontado. De la confrontación nos beneficiamos, siempre y cuando no gire en torno a la destrucción del vínculo de manera perpetua; he sentido tu desaparición durante muchos meses y en demasía, y sé que la magnitud del dolor no te ha llegado, ni tampoco es realmente posible que te acabe llegando. Para tratar de paliar ese efecto, te quiero mostrar, en el único lenguaje que dispongo, cuáles son los efectos de las desapariciones.
Acostumbrado a sentir la fractura de una vida sin familia, y viviendo mi familia, aprendes que hay algo mucho más doloroso, relacionado con la pérdida, que la muerte definitiva de un ser querido. Algo que no saben quienes alardean de erudición, es que no hay muerte más dolorosa que la que permanece. Te estoy hablando del sentir la muerte más de dos, tres, cuatro, cinco e incluso seis veces, todas con la misma intensidad. Créeme cuando te digo que no hay sufrimiento más grande que el traslado de ese estado de desaparición perpetuo al ámbito del 'yo' y de la única vida que yo dispongo.
Por eso las muertes personales familiares me han conducido a perderme y aproximarme al abismo del suicidio. La idea de la desaparición completa de mi existencia terrenal, como ya te comenté en algunas ocasiones, es placentera para personas como yo. Aquí se trata de emplear cualquier mecanismo que tengamos para justificar el sentido de una vida ya condicionada por unas pérdidas cronificadas en el tiempo; y en eso soy experto, créeme que hasta el último día de mi vida mantendré la integridad de una vida forzada, eso es, forzada a ser.
Cuando hago experiencia de la pérdida de tu ser, se apodera de mí un demonio antiguo, procedente de la antigua legión de ángeles. Nos conocemos tanto que podríamos caminar el uno al otro, de un mundo a otro, sin guías, solo con la antorcha de la presencia. He aquí lo que yo he conocido de él: que él sabe de mi victoria, por los designios de una protección elevada, a la que rindo pleitesía, y de la cual no puedo convencerme en mi totalidad. A la que espero retornar de manera completa para terminar de despedirme, cuando sea el momento, de la forma que sea procedente.
Dentro de este mundo imaginario, del que tu no partes, pero del que en cierta medida formas parte, encuentro vestigios de las antiguas voces. Algunas de las palabras todavía resuenan en mí, en llantos callados, que tú nunca has escuchado. No menosprecio tu sentir, ni tu sufrir, es más, menciono en este momento tu sentir, para acompañarte en la suspensión del constante comparar y juzgar ambas corrientes vitales. Me miras a los ojos y comprendes.
Yo no decido irme de tu camino, tú, al parecer, tampoco decides voluntariamente irte del mío. Pero yo entrego todo, hasta el punto, de no haber retorno. Y sé, que por mucho que tú entregues, a tu manera, entregamos de manera diferente. Debido a las naturalezas, no a los caminos, nos acercamos en un momento de la vida y nos alejamos en otro. Pues si fueras realmente capaz de saber los mundos que desaparecen nada más irte, querrías conocer, estoy seguro, al menos una imagen superficial del primero de todos ellos.
Soy una persona natural por naturaleza. Quiero tener a una mujer para mí, con quien hacer una familia y disponer de una total seguridad. Alzar un imperio con La Persona afín, y a precio de conseguir el propósito que me fue encomendado al nacer -visible en el actuar natural de mi Ser-, sacrifico de manera voluntaria el deseo de permanecer contigo. Lo hago porque yo voy a crear una dirección de realidad y aquella persona que me acompañe debe querer acompañarme. Su realidad será dentro de mi realidad, su mundo dentro de mi mundo, eso es lo que está predestinado.
Me gustaría que entendieras que no rechazo tu indisponibilidad. De hecho, no me parecería desajustada tu reacción del comentario o expresión "No hay nada que decir para quien no quiere escuchar", si mi voluntad hubiera estado dirigida por influencias de ruptura. El Sol se muestra por el primero de los rayos, el llanto por la primera lágrima, el amor por el primer cosquilleo. Por eso, tu comentario, que empieza juzgando, termina siendo juzgado, con la misma moneda.
Yo también te querré siempre y con quien quieras estar. Ahora déjame que acepte con naturalidad los designios, y si en un futuro nuestros caminos se reencuentran, veremos si ha desaparecido el muro de cemento que te impide tanto ver mi mundo como percibir la altura de mi dolor.
sábado, 18 de septiembre de 2021
Das andere Deutschland (1949)
Vereinigung der Verfolgten des Naziregimes (VVN), Ausstellung "Das andere Deutschland" mit Entwürfen für die Gedenkstätte Münchner Platz Dresden, 19. Mai 1949)
Fuente: Europeana
Fotógrafo y productor: Höhne, Erich & Pol
Traducción española del texto:[1]
“Os pido una cosa: vosotros, los que sobrevivís a este tiempo, no olvidéis. No os olvidéis de los buenos ni de los malos. Recopilad con paciencia los testimonios de los caídos. Llegará un día en que el hoy será pasado, se hablará antes del gran momento de los héroes sin nombre que hicieron historia. Quiero que se sepa que no se ha dado ningún héroe sin nombre. Que eran personas que tenían su nombre, su rostro, sus anhelos y sus esperanzas, y que, por lo tanto, el dolor del último de ellos no era menor que el dolor del primero, cuyo nombre se conserva. Quiero que permanezcan siempre cerca de vosotros, como conocidos, como parientes, como vosotros mismos.”
[1] (Um eines bitte ich: Ihr, die Ihr diese Zeit überlebt, vergeßt nicht. Vergeßt die Guten nicht und nicht die Schlechten. Sammelt geduldig die Zeugnisse über die Gefallenen. Eines Tages wird das Heute Vergangenheit sein, wird man vor der großen Zeit und von den namenlosen Helden sprechen, die Geschichte gemacht haben. Ich möchte, daß man weiß, daß es keinen namenlosen Helden gegeben hat. Daß es Menschen waren, die ihren Namen, ihr Gesicht, ihre Sehnsucht und ihre Hoffnungen hatten, und daß deshalb der Schmerz auch des letzten unter ihnen nicht kleiner war als der Schmerz des ersten, dessen Name erhalten bleibt. Ich möchte, daß sie Euch immer nahe bleiben, wie Bekannte, wie Verwandte, wie ihr selbst.)
Volveré a ganar
A un campo de flores donde crezcan amapolas, lleno de esperanza natural, allí quisiera volver. Donde no existan personas y desaparezca el ansia de vivir.
Voy con una espalda protegida y la protección pesa. Saber y deber en una misma vida. Conocerse para terminar debiéndose a uno mismo demasiado. Ese es el pago de las condenas.
Y dicen que el poeta, o aquel que se esfuerza en escribir, permite por devoción ver a sus demonios salir. No sé si yo soy uno de esos.
Jamás sabrás todo lo que guardé en mi corazón para devolvértelo algún día. Al romperse el corazón se hicieron los recuerdos trizas, y con ellos también los sueños.
Fui a tu hogar para rememorar y me terminaste echando. A lo que yo respondí en demasía. Respuestas que de ser demasiado respuestas acaban haciéndose preguntas.
Me vestí de luto tantas veces que no conozco la muerte. Eso de desaparecer de una vez por todas. No tengo conocimiento alguno sobre eso. Toda mi vida ha sido una constante pérdida.
El negro de mis ojos, el luto, pierde, de nuevo, el anhelo de dejar de ser y engrandece otra vez su obra. Para este gran letargo no hay descanso. No temo a la muerte, camina conmigo, me hice vivo lentamente a semejanza de su vejez.
Tu fuiste mi Lou Salomé. De ti nunca me olvidaré. Ya sea por los mundos a los que viajamos juntos, ya sea por agrietar mi alma hasta enseñarle a llorar.
He vuelto a perder. Han vuelto a sonar las campañas anunciando el final. Se quedará en un ligero suspiro todo lo que llegué a amarte, como también perdurará en un ligero rayo de recuerdo la gota de agua que sentiste al acercarme, cuando lo que había detrás era todo un océano de infinitos mundos deseando decirte “¡bienvenida a este lugar de infinitas formas, desconocido por todos y conocido por nadie, envuelto de luces astrales, de lunas llenas perdidas! He creado este mundo solamente para ti y para mí, aquí volveremos a ser, sin temor a perder, la esencia, siendo tan solo eso, lo que perdura, aquello que está detrás del tiempo”.
Algún día volveré a perder. Y después de la futura nueva pérdida, por fin, volveré a ganar.
Escrito el 18.07.2021 a las 23.42h
jueves, 19 de agosto de 2021
Gloria al Wille zur Macht
viernes, 18 de junio de 2021
"La búsqueda de la certeza"
A veces uno siente que no hay camino, e incluso puede llegar a sentir que nunca hubo ninguno, como si todo formase parte de un espectáculo; allí donde actuamos como personajes sin guion, en ese lugar llamado sociedad o mundo, exactamente, en ese lugar, es donde se producen las preguntas y se resuelven las incógnitas. Pero es una resolución sin peso a la que estamos acostumbrados. Pensar cómo deben de ser las cosas, qué cosas hemos hecho "mal" y de cuáles estamos orgullosos, solo son actos de obediencia y sumisión al esquema de ideas. Si al menos fuera nuestro, entendería la obsesión por la defensa, como lucha prematura ante el devenir del combate. Pero lo cierto es que no es nuestro, ni siquiera hemos hecho el acto de aproximarnos a uno de los estadios iniciales de apropiación; tal y como ha acaecido, con las mismas formas, así lo hemos incorporado al eje.
Con la iniciación del camino de la aceptación nos adentramos en el hundimiento. A los ojos de aquellos que dicen mirarnos, es "el camino correcto" y el único posible, mientras que nosotros, vivos con sed de drenaje, buscamos la confrontación y eso se hace casi por tendencia natural. Realmente no parece haber elección en nuestras guerras. Es como si hubiéramos nacido en un estado de guerra perpetuo donde nuestras armas son nuestras fortalezas, y es precisamente por esto que perdemos. Porque no sabemos atacar la confusión que este sistema nos genera, no conocemos sus debilidades y por eso no entendemos el arte de la guerra.
Para aquellos que quisieran pensar en la certidumbre de una evidencia caída de actos de milagros, recuerden: no parece ser lo mismo querer aprehender que buscar la confirmación, en el querer, de aquello aprehendido como válidamente aprehendido, del mismo modo que no resultaría lícito, para Uds., un camino de confrontación sin aseguramiento, ¿verdad? Y el término "verdad" aquí juega ese papel harto conocido y vastamente campante de haberse convertido en salvaguarda, ahora en la forma de la mayéutica o, si se prefiere, sobre un hilo que vacila hondeando sobre la gravedad y que ejerce el desafío.
Es incierto el camino racional de la búsqueda de la evidencia y comenzábamos el escrito recordando la inexistencia de caminos propios, o al menos, la poca claridad de sus formas aparentemente manifiestas. Que nosotros no estamos en el camino de la urgencia, cuando se trata de urgir el acercamiento de una evidencia, es sin duda claro. De no ser así, nos veríamos arrastrados -de nuevo- por las arenas movedizas, al caminar por un terreno pantanoso y ser objeto de tormentas; damos por cumplido el paso que condujo al aseguramiento como lugar intransitable a conciencia y, con ello, perpetramos el quizás segundo nivel de aproximación, a saber, el que reduce la incertidumbre a la escala de los últimos motores.
Llegados a este punto, no se engañen. Es posible que nuevas estructuras se alcen con el poder y nos reclamen propiedad de ese camino denominado la La búsqueda de la certeza, en especial si caminamos en dirección recta; ante ese tipo de alzamientos debemos ejercer entrenamiento firme o posicionamiento. Debido a que las sinergias que se aprehenden en los estados volitivos, propios de aquello que denominamos voluntad -mas no sin el infortunio de la paradoja del mundo y la representación- ejercen una detención sobre los procesos automáticos de ese mismo esquema de ideas, confrontándonos con él, es menester entonces emprender un primer nivel de juicio y reconocer su altura, y no temer por ello.
Es bueno y objeto de consideración recuperar nuestra razón y caminar conforme a las reglas de los estados primitivos de su manifestación, al menos para caminar en suficiente rectitud por el camino de la incógnita que cubre la fuente de todos los caminos.
martes, 1 de junio de 2021
El retorno
Qué podemos decir, nosotros, acerca del retorno de nuestra historia. No me refiero a la ewige Wiederkunft. Mas me comprometo en estas palabras a no mencionar palabra alguna acerca de ello y pronunciarme acerca del retorno clásico. A los pasos que condujeron a la entonces denominada humanidad, me refiero, cuando quiero orientarme hacia la inversión de la aceleración de la velocidad de avance; es a la profunda inversión del progreso histórico que se prometió en la Ilustración, retrotraído a sus orígenes en el surgimiento del antiguo mundo Demokratos. Bienvenido a la Grecia Antigua. Datan los manuscritos, en muchas de las recopilaciones sobre historia de la filosofía, que esta "comienza" al producirse el "salto" del mythos al logos. ¡Una pretensión sin duda alguna sentenciada! ¡O que nos sentenció a toda la humanidad! ¿No era Zeus lo suficientemente hábil como para sobrevivir? Y así quisieron hacerlo quienes fueron dotados al nacer del don de la historia. Aquellos escritores documentalistas que acordaron situar un origen, en reflexiones, que se dice, escapaban a la mitología griega, al tener otros atributos diferentes y carecer de profundidad fantástica. Por simplemente empezar a reflexionar sobre el poder del agua, acerca del Arkhé, o aproximaciones sobre geometría y espacio, tan solo por eso, ¡matamos a los Dioses griegos! Tal vez fuere la tardía muerte anunciada por Nietzsche sobre el asesinato de Dios por parte del hombre, al verse la humanidad desprovista de unidad ideal trascendente, otra vez, un mero recordatorio del devenir de la historia: el retorno. ¡Así mataron ellos a los Dioses antiguos! ¡Escribiendo en los libros de Historia de la Filosofía un origen en el tiempo y ubicándolo en una temporalidad lineal! ¡Pero si Jesucristo todavía no había nacido! ¿Me podéis explicar por qué? ¿Acaso es posible dar una explicación sin la más astuta de todas las "necesidades" del yo? Por supuesto que no, o al menos, no sin la engañosa fortaleza, venenosa, de la urgencia de una explicación acerca de la existencia. El remedio antes que el remedio. El retorno antes que el viaje.
Escrito II
Desde aquí todo se intensifica. Prueba de ello es el contrafenómeno del diálogo. Mientras hablamos estamos prestando la mínima atención a lo que nos rodea, y aunque no prescindamos del horizonte del mundo, pues permanece siempre ahí ejerciendo su influencia decisiva en el intercambio, en el diálogo se da la comunicación a través de la Einfühlung. En general, a través del contacto intersubjetivo que coloquialmente denominamos compartir, sea su objeto una reflexión, una idea, una expresión de afecto o un dar y recibir, se está afectivamente predispuesto, independientemente de la forma que en cada caso figure la afección. Nos sentimos a nosotros mismos a través del otro que está ahí frente a nosotros cuando no estamos solos, pero, ¿qué hay ahí cuando el otro no está? ¿Acaso se puede hablar de soledad desde la ausencia del otro? ¿O puede describirse fenomenológicamente este contacto originario desde su manifestación, independientemente de si antes haya o no haya estado el otro?
Podríamos resolver esta suerte de paradoja naturalizando la ausencia del otro y sometiéndola, desde el nivel primario de aproximación, el más genuino, es decir, el metodológico, a la imposición de un régimen eidético, forzando el fenómeno a dar una batería de resultados formalizados, sin anclaje pasivo. Ello comportaría forzar una completa desconexión del fenómeno con respecto a la posibilidad de su misma aparición, causando la remisión del acontecer al estadio eidético formal impidiendo así las sucesivas virtualidades del estadio genético de la pasividad, causando, efectivamente, la imposibilidad de su captación. Si procedemos de este modo caemos en el error psicologista de atender al fenómeno de la soledad desde el régimen de la esencialidad de la ausencia como nota constitutiva del fenómeno. Dicho de un modo más descriptivo: una vez ejecutadas las reducciones la exploración del fenómeno nunca podría rebasar el horizonte de ausencia del otro. Esto tendría consecuencias determinantes para el análisis descriptivo; por un lado, todos los elementos metodológicos del examen propiamente fenomenológico que constituyen la actitud filosófica nunca podrían llegar a rebosar el horizonte que se abre tras la suspensión, ya que el campo noemático no ha sido trascendido –el haber tenido contacto con el otro sigue estando ahí– y la actitud filosófica, con todos sus elementos, no sería capaz de anular esas notas impresivas temporales originadas por la experiencia del otro. Estar solo, en este sentido, sería no estar acompañado, habiendo tenido contacto con el otro previamente. En el ejemplo del buen salvaje que no ha tenido contacto con el otro, resultaría muy difícil apreciar ese tipo de soledad. Al no haber experienciado ese contacto de sentir-al-otro no puede haber soledad en este sentido naturalista. Otra de las consecuencias sería el carácter cultural del fenómeno de la soledad, configurado por el historial de vivencias de ausencia del otro en el sentido más artificial de la reflexión, es decir, como artefacto, como constructo que se ha ido sedimentando en el seno de nuestra historicidad y que remite, en última instancia, a la cultura.
A propósito de estas reflexiones debemos retroceder a ese estadio originario de manifestación del fenómeno gracias a la epojé y quedarnos, por el momento, ahí, frente a su modo de dación. La cuestión se torna más compleja en el caso, por ejemplo, del andar por una calle de la ciudad de Barcelona. Al andar por la calle y estar envuelto de personas tenemos contacto directo con ellas desde la perceptividad. ¿Pero estamos teniendo un contacto lo suficientemente empático como para denominarlo Einfühlung? ¿Acaso es posible hacer experiencia de la soledad envuelto de gente? Desde la distancia afectiva –y paradójicamente estando cerca del otro espacialmente– hago experiencia de tantas personas a un ritmo tan acelerado, que parece tornarse enormemente complejo ejecutar una Einfühlung. De alguna manera estoy siendo arrojado a la ausencia del otro siempre desde la distancia del sentir-al-otro, pues hay contacto corpóreo con miradas, pequeños golpes, igual que la proyección espacializada del andar para no caer en la carretera y sufrir un daño, termina siendo un reflejo de esos individuos agregados que ni se conocen ni parecen tener vínculos afectivos entre sí. Esto nos retrotrae, no obstante, a la fenomenología de la distribución espacial, con el correspondiente “ceñirse a” la manera en que el cuerpo vivido puede diseñar una arquitectónica topológica a través de la cual andar. Con mayor intensidad ocurre en una persona que se haya tornado ciega, arrojada a rearticularse vivencialmente en el espacio, sin el elemento, ahora, de los escorzos perceptivos y la intencionalidad horizóntica.
Bon voyage
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Qué dicha escuchar el arroyo atravesar el monte. ¡Ese es el último de todos los pasos! Los mensajes que ofrece el monte. Los oídos adecuados...
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Tal y como está el panorama, me gustaría hacer una breve reflexión sobre el independentismo catalán, el separatismo español y otras ideolog...
